De acuerdo a datos del INE de 2023, en nuestro país solo el 3% de los trabajadores en electricidad y gasfitería son mujeres. La chillaneja Yisslen Rubio (30) es parte de esa cifra y se abre paso en un oficio que comúnmente es realizado por hombres y donde muchas veces se enfrentan estereotipos de género, prejuicios sobre la «incapacidad física» o «falta de habilidades técnicas».
Pero Yisslen está demostrando que el trabajo de gasfitería no tiene género. El camino hacia este oficio no fue inmediato, pero sí decidido. Estudió Ingeniería en Construcción en el instituto Virginio Gómez y forjó su experiencia en oficinas técnicas y algunas constructoras de la ciudad de Rancagua, donde incluso fue residente en proyectos de remodelación de edificios públicos, como el Registro Civil.
¿Qué te atrajo inicialmente al oficio de instalación de artefactos a gas (gasfiter)? ¿Cuál fue el momento clave?
«Siempre me llamó la atención el mundo técnico, pero el momento clave fue cuando me di cuenta de que podía aprender un oficio que te permite resolver problemas reales y ayudar directamente a las personas. Un día pensé: si otros pueden, yo también puedo, y desde ahí me atreví», señala Yisslen a Ñuble Digital.
Este deseo de tener un impacto inmediato la llevó a la autonomía. Hoy trabaja de manera independiente, combinando el trabajo en terreno con la captación de clientes a través de plataformas digitales. Esta independencia no solo le permite una relación directa con quien contrata sus servicios, sino que también le da el control de su propia capacitación, buscando activamente expandir su experticia. Actualmente, se está formando como instaladora eléctrica certificada para ofrecer un servicio verdaderamente integral.
¿Y EL MAESTRO CUANDO LLEGA?
Entrar a un rubro donde la representatividad femenina es casi simbólica conlleva desafíos significativos que van más allá de la complejidad técnica del oficio. El principal obstáculo, explica Yisslen, es la duda inicial del cliente.
«El mayor desafío ha sido que algunos clientes al principio dudan de mis capacidades solo por ser mujer. Pero una vez que ven mi trabajo, la conversación cambia totalmente. Hay anécdotas divertidas: más de una vez me han preguntado ‘¿y el maestro cuándo llega?’ mientras estoy con las herramientas en la mano», recuerda.
Sin embargo, esta desconfianza inicial se ha convertido en su mayor motor para establecer su autoridad a través del profesionalismo y los resultados. Su respuesta a este sesgo de género es simple: hacer bien la pega y entregar seguridad al cliente. De hecho, ella percibe su perspectiva como mujer como un valor añadido al servicio.
«Sí, creo que aporto mucha atención al detalle, comunicación más clara con el cliente y un enfoque muy ordenado en la seguridad. A veces eso marca la diferencia en la experiencia para el cliente», señala.
Agrega que le “encanta” cuando un cliente queda tranquilo y agradecido “porque resolví un problema que le afectaba su casa. Y algo muy lindo es cuando mujeres o niñas me dicen: ‘Qué bacán verte trabajando en esto, yo pensaba que solo lo hacían hombres.’ Eso me motiva muchísimo.»
Esa visibilidad es fundamental para el cambio estructural que la gasfiter espera ver. Con la experiencia de su padre, un maestro carpintero que la impulsó a estudiar construcción para ayudar a terminar la casa familiar, sabe que el apoyo en el entorno es clave. Su mensaje a las jóvenes que miran con interés un oficio técnico es de absoluta valentía y preparación:
«Que no se deje intimidar. Que estudie, practique, pregunte y confíe en sus capacidades. Al principio puede ser hostil, pero una vez que demuestras tu trabajo, nadie puede negar tu profesionalismo.»
MIRANDO EL FUTURO
Mirando hacia adelante, Yisslen Rubio es optimista, pero realista. Visualiza un futuro con una mayor incorporación de mujeres en el sector, pero insiste en que el cambio más importante debe ser cultural.
«El cambio que espero es que deje de ser ‘sorprendente’ ver a una mujer instalando gas. Para eso, necesitamos más oportunidades de formación, visibilidad y apoyo dentro de las mismas empresas o instituciones», acota.
Su historia, es un llamado a la acción para potenciar estos rubros y reducir la brecha de género. Yisslen aboga por eso y asegura que un pilar relevante es el apoyo de sus padres y su hijo de 8 años.
Según en INE, la participación de mujeres en el mercado laboral ñublensino muestra signos de incremento, recuperación tras el impacto que tuvo la pandemia. El trimestre junio-agosto de este 2025 la participación femenina alcanzó un 45,5%, un alza respecto de 2024 misma fecha que fue de 43,7%.






