Este viernes, la ONG Oceana publicó el reportaje «Countries like Chile still dump toxic mine waste in the sea. Can they stop?» (Países como Chile todavía arrojan desechos tóxicos de la minería al océano. ¿Pueden detenerse?)
El mundo moderno demanda una gran cantidad de minerales que se extraen de depósitos geológicos en las profundidades de la corteza terrestre. En los últimos 100 años la demanda ha aumentado 20 veces y todo indica que seguirá creciendo, por lo que buscar métodos de eliminación de la suspensión tóxica resultantes de la minería, resulta de responsabilidad con el futuro de la salud humana y la vida silvestre.
Actualmente 16 de las 1950 minas activas a nivel mundial vierten sus residuos tóxicos al mar. La cifra que a priori puede parecer marginal, sigue revistiendo un daño cuyas consecuencias negativas aún no pueden terminar de medirse, siendo los perjuicios más notorios, la reducción de la biodiversidad y la acumulación de elementos como el arsénico y el mercurio a través de la red alimentaria de los peces.
En Brasil, Australia, Canadá, China, India, México, Suiza y Reino Unido, las mineras arrojan sus residuos en la tierra como medida paliativa, pero en lugares como Indonesia, Noruega y Chile, una parte importante de los lodos sobrantes producidos por esta industria van dar al mar.
En Chile, solo una de las mineras practica esta forma de desechar el relave. Se trata de CAP, que tras 40 años y demandas de por medio, se ha comprometido a abandonar este sistema en un plazo de otros 7, que no aminoran la gravedad del impacto, de acuerdo a la previsión de los especialistas.
Esta tensión entre la empresa y la normativa vigente, además de la persistencia de las otras 15 mineras que, ya sea por falta de territorio suficiente, condiciones geográficas o por debilidad legislativa, no procesan sus residuos de una forma menos contaminante, genera preocupación en la comunidad científica, ya que son características compartidas por Chile, donde las 20 mineras restantes podrían utilizarlas como precedente para presionar y conseguir imitar la práctica sin limitación.
Chile tiene una profunda riqueza mineral, de hecho, es el principal productor de cobre del mundo, pero también sus costas son unas de las más productivas biológicamente y es habitada por especies que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Al llegar al mar, los relaves pueden viajar con las corrientes y dañar ecosistemas hasta ahora prístinos.
Los científicos coinciden en que, por ahora, es imposible prescindir de la minería, pero que es urgente que se tome una política que defina qué se hará con sus desechos, considerando la protección del medio ambiente, la salud y los factores económicos y sociales que implica.
Fuente: Oceana.org



