Una UdeC conectada con su región:ciencia, territorio, recursos y vínculo real

Por Álvaro Ruiz, profesor asociado U. de Concepción y Paula Aravena
Bustos, profesora asistente U. de Concepción

Una Facultad de Ciencias Veterinarias ubicada en los campus de
Concepción y Chillán no puede pensarse de espaldas al territorio. Su lugar
natural está en la intersección entre salud animal, producción,
biodiversidad, inocuidad alimentaria, bienestar animal, educación rural,
emergencia ambiental e innovación.
El enfoque “Una Salud” confirma esa mirada. La Organización Mundial de
la Salud lo define como un enfoque integrado que busca equilibrar y
optimizar la salud de personas, animales y ecosistemas. La Organización
Mundial de Sanidad Animal plantea lo mismo: la salud humana, animal,
vegetal y ambiental está estrechamente vinculada e interdependiente.
Para Ñuble, esto no es teoría importada. El Banco Central informó que en
2024 la Región de Ñuble creció 3,6%, impulsada, entre otros factores, por el
desempeño agropecuario-silvícola y la industria manufacturera. La propia
discusión pública regional recogió ese dato destacando el peso de la
fruticultura y la producción regional en el resultado económico.
Ahí la Facultad tiene un rol evidente. Debe fortalecer convenios, actualizar
redes internacionales, vincularse mejor con municipios, empresas,
organizaciones y servicios públicos, y transformar el voluntariado
estudiantil en una experiencia formativa con reconocimiento académico.
El voluntariado no debe ser solo buena voluntad. Puede ser aprendizaje
aplicado, investigación, respuesta ante emergencias ambientales,
educación comunitaria y transferencia técnica. Bien diseñado, conecta
estudiantes con problemas reales y devuelve a la región conocimiento útil.
La vinculación con el medio no puede seguir siendo una carpeta de
actividades. Debe ser una estrategia bidireccional: el territorio plantea
desafíos y la Universidad responde con ciencia, formación y colaboración.
Una Facultad conectada con Concepción y Chillán no pierde nivel
académico. Lo gana porque cuando la investigación conversa con la
realidad, la Universidad deja de observar el desarrollo regional desde lejos y
empieza a construirlo.

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