Detectives de la Brigada Investigadora de Delitos Económicos Chillán con la cooperación de unidades especializadas de la PDI Ñuble y en coordinación con el Ministerio Público, lograron la detención de dos hombres y una mujer que realizaban pagos con cheques robados y sin fondos, a personas que publicaban la venta de artículos de alto valor en las redes sociales.
La investigación que se viene trabajando desde fines del año 2019 arrojó además “delitos cometidos por los mismos imputados por giro doloso de cheques, asociación ilícita, receptación y microtráfico de drogas” según señaló el subprefecto Roberto Castro jefe de la Brigada especializada.
En el operativo realizado la madrugada del día de ayer se incautaron “21 plantas de cannabis en crecimiento, 97 dosis de la misma droga lista para su comercialización, 6 equipos topográficos vinculados a robo ocurrido en diciembre 2020 avaluados en 3 millones de pesos, 3 computadores, televisores y casi 2 millones en dinero en efectivo” detalló Castro.
El fiscal Alvaro Serrano de la Unidad de Análisis Criminal de la región de Ñuble señaló que “esta investigación de largo aliento, realizada junto a detectives de las unidades especializadas de la PDI Chillán, ha logrado establecer la participación de otros imputados que se encuentran actualmente con órdenes de detenciones pendientes” puntualizó. En el control de detención realizado esta tarde, el líder del clan familiar y principal imputado, quedó en prisión preventiva.
Modus operandi
Según Fiscalía, uno de los miembros de esta agrupación delictual, Sebastián Wevar Muñoz, se le imputa haber engañado a 14 víctimas, a las que supuestamente les depositó dinero para comprarles teléfonos celulares, consolas de juegos y computadores portátiles, transacciones comerciales que resultaron ser falsas.
Precisamente Wevar fue formalizado por estafas y receptación, ambos en carácter de reiterados. Este último delito, por usar cheques robados para simular el pago de los artículos electrónicos de las víctimas, las que los ofrecían por internet.
A los afectados los llamaba una mujer de nombre Marcela, quien les decía que ella trabaja fuera de Chillán y que su hermano, Nicolás, iría a concretar la compra. Efectivamente, llegaba un hombre solo o a veces acompañado de una pareja, quien les mostraba a los vendedores un depósito efectuado a su cuenta bancaria, ya sea por transferencia de fondos o por medio de un cheque, y así se llevaba los artículos.
